conoció su propio cuerpo, las olas dentro de él, la arcilla,
hasta las altas copas de los árboles donde una vez nacieron los nidos,
la dulce y blanda madurez,
el alimento mío, que es exactamente igual a cada uno de tus frutos,
la posibilidad resbaladiza que hay entre los dedos, la lengua y la mirada cristalina del tropiezo inesperado.
Porque pariendo el amor terrenal tuvo un vientre y una raíz, placer decidió subir del centro de todo y tener pies para avanzar entre las llamas, el humus, las lavas, la condensación de los reencuentros y tuvo bocas por donde reventar. Es entonces que existe la vida, que tú y yo desemenuzamos con esta piel embadurnada de besos pendientes, dados....permanente curiosidad animal de olfatear el rastro del placer,
merodeo neurótico transformándose en la prisa por frenar lo ineluctable.
El sentido es PlaSer. (ASF)

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